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La relación entre el fallecido obispo Di Monte y los ex funcionarios de los gobiernos de 
Néstor Kirchner y su viuda Cristina Elizabet Fernández no es la única relación que debe
 someterse a escrutinio: también debería ser revisada la de los obispos José María Arancedo
 y Carlos Malfa con Florencio Aldrey iglesias, y por medio de este, con la política local.
De los dichos de vecinos del convento en que José López intentaba ocultar nueve millones
 de dólares queda expuesto que a dicho complejo llegaba con cierta frecuencia, entre otros, 
el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, un hombre de vida misteriosa
 transitada a vista y paciencia de todos.
Arancedo y Malfa fueron quienes articularon desde el discurso que la Provincia discriminaba
 a Florencio Aldrey Iglesias, y los que provocaron la triste escena en que la Gobernadora fuera
 exhibida como pieza de caza por el anciano aldeano de Lugo, colocando a la opinión pública
 local en la aún más patética idea de la invencibilidad del coruñés extorsionador. La Gobernadora,
 atrapada en la necesidad del presidente Macri de acortar distancias con el Papa, entendió que en
 la política macro, la decisión tenía todo para ganar y poco para perder. Craso error: su consultora
 de cabecera ya le ha hecho saber que en Mar del Plata, este acercamiento no cae nada bien.
 Por estas horas, la Gobernadora estaría entonces recalculando, y aceptando que venir a la
 ciudad para ir a un encuentro religioso sin pasar por el despacho del intendente que le dio
 el diferencial para el triunfo en la ciudad y la Provincia, más que un gesto de mal gusto es
 un error político.
La llegada a Mar del Plata de los funcionarios del área seguridad Cristian Ritondo y
 Eugenio Burzaco, con un amplio despliegue de fuerzas federales y una ratificación
 expresa
 del primero al intendente en materia de seguridad, que ha manifestado que “Arroyo
 es el secretario de seguridad de MDP”, son piedra de toque en un escenario en el que el
 sector kirchnerista de la ciudad sigue buscando hacer caer el gobierno electo por la sociedad
 marplatense.
Esta semana, el encuentro nada casual de la ex presidente Fernández y militantes K en E
l Calafate, en cuya grabación se escucha un cuestionamiento directamente dirigido al
 intendente Arroyo, sumado a las mentiras de los curules Santoro y Gutiérrez sobre el
 estado de la clínica del SOIP en donde funcionara por unos meses la unidad de asistencia
 de calle Guanahani, exponen la mendacidad de este grupúsculo político que ahora actúa
 en tándem con Iglesias en una política de acoso y derribo que ya cae en el ridículo.
Los tiempos de la ciudad no pueden estar signados por la necesidad política de aquellos que
 están en otros estamentos políticos “superiores”. Todos son electos cuando lo son por el voto
 de la ciudadanía. La democracia es un gobierno de iguales; no vivimos en una aldea alejada
 de Lugo en el siglo XX antes de la Guerra Civil española.
La presencia de Gustavo Arnaldo Pulti en los tribunales este próximo martes a las 9.30 para
 declarar como imputado, marcará un tiempo interesante. No hay cobertura de La Capital
 que pueda ya proteger o elevar a nadie a cargo alguno, o le permita eludir responsabilidad alguna.
 El aire huele a que va siendo el tiempo de una tímida justicia, pero justicia al fin. O el inicio de
 ella.