Por Eduardo Cao
para El Retrato de Hoy
A estar de los resultados de las primarias, se ha creado la sensación de que los escollos para la reelección de Cristina Fernández de Kirchner han cedido en sus defensas. Esa idea, alentada hasta el hartazgo por un oficialismo que tiene con qué –los números contundentes del domingo 14-, sin embargo posee un aditamento externo al kirchnerismo: la sorpresa y la decepción de la golpeada oposición y, en forma particular, de los candidatos que enfrentaron a la Presidenta.Cada una de las cabezas de las listas opcionales al “modelo K”, ha dicho lo suyo, en una rara mezcla: optimismo, quizá más dictado por la necesidad de alentar a la propia tropa a cerrar filas y sumar adherentes que por la realidad de las cifras adversas; resignación, cambiando el eje del objetivo presidencialista por el más modesto del control legislativo; cierto triunfalismo debido a una supuesta escalada de cero a diez (por ciento) con escaso tiempo de campaña, y, finalmente, la admisión del fracaso electoral por el individualismo ancestral de la dirigencia política, siempre más atenta a su propio ombligo y a posturas cerradas que a escuchar propuestas alternativas a sus proyectos personales.
Escribíamos en nuestra columna del 15/8, que la tarea de la oposición era casi ciclópea cercana a la utopía. Los hechos, salvo contadas excepciones, parecen estar borrando la escasa posibilidad que traduce ese “casi”.
LAS URNAS QUE HABLARON
Mientras la euforia kirchnerista continúa y en Olivos y Balcarce 50 festejan, la orden de apertura de urnas de mesas en la Ciudad de Buenos Aires y los pedidos para mostrar el contenido de unas 2000 de la Provincia de Buenos Aires, por el momento aparece como parte del folklore político argentino cuando de “contar los porotos” se trata. Es cierto que tiene importancia no ya para bajar o subir porcentajes electorales, sino por el arcaico sistema de boletas sábanas que el Gobierno ahora defiende a capa y espada. Pero, en nuestra tan particular cultura democrática, se circunscriben a nada más que a lo anecdótico, a los “gajes del oficio” de votar, sumar y restar.
A propósito de restas, la propia jueza porteña María Romilda Servini de Cubría manifestó su extrañeza porque en una urna de Barracas aparecía Ricardo Alfonsín había cosechado 22 votos a su boleta, pero en las planilla correspondiente figuraba con cero. Narrado lo anterior sólo a título de inventario; no más.
Volvamos a la oposición. Se habla –más precisamente se ha escrito en las últimas horas- de que entre las huestes de Francisco De Narváez urgen al candidato a buscar caminos alternativos a su sociedad con Ricardo Alfonsín, muy criticado por sus correligionarios al haber desviado el ideario socialdemócrata del partido de Alem hacia la centroderecha que, supuestamente, encarna el “Colorado”. El hijo de don Raúl, mientras, se ocupa de bajar pretensiones: no bajará sus acotadas ambiciones presidenciales, pero en verdad apunta –y lo dijo- a lograr una representatividad aceptable en el Congreso. Habla, en consecuencia, de la salud institucional que se lograría con el control de los actos de Gobierno, algo con el que se esperanzó la sociedad argentina en 2009 y que, por falencias propias de toda la oposición, quedó en aguas de borrajas.
En el campo de Eduardo Duhalde se trata de robustecer la idea de que “el 23 de octubre será otro cantar” y de que sesenta y pico de días hasta entonces no es poco tiempo para revertir la situación. Incluso se remiten al propio Gobierno para el optimismo propio: para el ex presidente y sus seguidores, las despiadadas críticas recibidas de Aníbal Fernández, “son una muestra de que están preocupados, cuando todo indicaría que no deberían estarlo, si estuvieran arriba con el 50 por ciento o poco menos de los votos que han obtenido en las primarias”. El ex socio del lomense en el Peronismo Federal, Alberto Rodríguez Sáa, también lo ha elegido como el adversario a vencer y por eso no ahorra el puntano adjetivaciones adversas hacia Duhalde. Un obstáculo más, aunque no de tanta magnitud como el que ha puesto CFK, es el que deberá sortearse en las filas del Frente Popular dispuesto, dicen, a salir “con todo” a buscar votos para octubre. Incluso mostrando que los logros de la política K se pueden mejorar dándoles un marco menos conflictivo y confrontativo. No será tarea sencilla, sin dudas.
Con respecto a Hermes Binner y su Frente Amplio Progresista –declarado “mimado” de periodistas e intelectuales antikirchneristas- los límites autoimpuestos ora a la personalista Lilita Carrió, ora a Ricardo Alfonsín, hacen de su figura una posibilidad más lejana de octubre próximo. La construcción de un espacio político progresista, por más simpatías que coseche, requiere de algo más que el voluntarismo: necesita del conocimiento de la gente de las propuestas para mejorar su vida. Con los postulados del socialismo –que precisamente apuntan a la ética como factor primordial del ejercicio de la política- lamentablemente, hoy por hoy no alcanza. Crudo, sí; pero real en estas pampas.
FINAL RURAL
Una polvareda levantó el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, al analizar los resultados de las internas abiertas y el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner. Casi tanta como aquel “asco” de Fito Páez por la supremacía de Mauricio Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Para el integrante de la devaluada Mesa de Enlace, la gente “mira el programa de Tinelli y si puede pagar el (aparato de TV) plasma, no le interesa nada más”. Tan desafortunada la expresión como desmesuradas las críticas que recibió… sobre todo en tiempos en que hay que juntar votos (tampoco hay que ser hipócritas). Nadie, creo yo (que no veo a Tinelli pero sí pago alguna que otra cuota), cambiará su adhesión o rechazo por lo que diga o piense Biolcatti. Es cuestión de conciencia, la única que nos acompaña en el cuarto oscuro.
caoelretrato@live.com.ar
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