lunes, 26 de septiembre de 2011

LAS DOSIS DE FICCION Y REALIDAD CON LAS QUE CONVIVIMOS A DIARIO

Por Eduardo Cao
para El Retrato de Hoy



Una sola palabra la define: patética. Agregándole una pequeña dosis de humor, hasta se puede hablar de ironía. Esa que se le adjudica al destino, cuando en verdad se construye a partir de cada uno de nosotros, los dueños de nuestra propia ventura, según aquel viejo General. Así está la realidad argentina hoy, a apenas un mes de conocerse –o ratificarse el antecedente del 14/8- la continuidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner hasta 2015.

Claro que no todos los condimentos del patetismo se originan en los alrededores de la Presidenta. También los hay, y de los más contundentes, en una oposición ya no deshilachada sino deshecha y en el propio votante del próximo 23 de octubre.

Por allí, usted lector/a, advierte la situación socio-política que desembocará en las urnas sin sorpresas mayores, como producto de la resignación de parte de la sociedad y del envalentonamiento del que parece mayoritario segmento que, sin necesidad de apelar a todas sus luces, ha tomado al “modelo” como propio, por convencimiento o por necesidad.

No entraremos en la discusión filosófica y sociológica de las razones que nos han llevado a los argentinos a esta encrucijada contemporánea que formará parte de nuestra historia, plena de idas y venidas y de discusiones sobre admisión o evasión de la realidad.

EL PLACER DE MEZCLAR

Más directo, menos metafórico, un serio estudio de las costumbres argentinas ha confirmado lo que intenté desarrollar en varias de estas notas de opinión.

Una estadística conocida en las últimas horas, afirma que los argentinos estamos más tiempo frente al televisor que trabajando. Toda una señal, ¿no es cierto?.

No, ni piense que me convertiré en analista de lo que se ve en la TV autóctona, porque mi hábito, puesto frente al aparato de imágenes, no es, por aquello de que “en casa de herrero…”, un paradigma de lo que, seguramente, disfruta el telespectador medio. Tampoco se trata de planos de intelectualidad ni de moralidad. Simplemente es una cuestión de gustos: miro series policiales y me encanta descubrir identidades y personalidades de criminales e investigadores. Tanto como imaginar figuras en los salpicados mosaicos de granito. ¿Una locura, no? Y bueno, no puedo despegarme totalmente de aquellas épocas de juventud con “la imaginación al poder”.

Que multitudes desarrollen o comprendan mis manías, está lejos de ser mi intención. Sí ronda mi cabeza, la peregrina idea de separar la ficción y el relato, de lo que aplaudimos o sufrimos a diario. Y la televisión no es precisamente el instrumento adecuado para ese discernimiento. Como tampoco lo son otros sistemas de comunicación social que responden a intereses concretos, sobre todo si responden a intereses propagandísticos, sean éstos del poder de turno cuanto de los adversarios de ese mismo poder.

Por un lado, hay un deleite especial en mezclar la supuesta compra de zapatos al por mayor por parte de CFK en Nueva York con el “descubrimiento” de que Sergio Schoklender, el acusador de moda, es una especie acriollada del “Garganta Profunda” originario del Watergate que le costó el gobierno a Richard Nixon.

La realidad es otra. Puede parecer (y volvemos a la palabra del comienzo) patético que la Presidenta aumente su colección de calzados con varios pares por un total de 110.000 dólares gobernando un país con gran porción de ciudadanos pauperizados, pero más lo es que dos ministros del Ejecutivo dieran versiones contrapuestas sobre los 750 millones de pesos que la Fundación Madres de Plaza de Mayo obtuvo para construir viviendas para gente de escasos recursos. Uno, el hasta este momento jefe de Gabinete, explicó que ese dinero no lo recibió la entidad presidida por Hebe de Bonafini y hasta hace poco regenteada por Schoklender, ya que “se pagaba contra obra terminada”. Otro, por ahora poderoso titular de Planificación, que “se giraba cada vez que se presentaba un certificado de obra” o sea que se dosificaba el dinero en cuotas, según avanzaba la construcción.

Mientras las esperanzas del Gobierno están cifradas en lo que haga el juez Norberto Oyarbide en una causa secreta y paralizada “hasta después de las elecciones generales”, Bonafini, en un respiro de sus habituales diatribas enarbolando la defensa de los derechos humanos contra quienes tienen lógicas dudas, califica de “parricida por tres” a quien fuera su hijo putativo y padre de su nieta.

DOBLARSE SÍ, ROMPERSE NO

En el tren de las ficciones también viaja una oposición golpeada y, al tiempo, confundida.

Cada cual atiende su juego en el arco de los adversarios políticos del gobierno cristinista.

Francisco De Narváez no ceja en su intento de destronar a Daniel Scioli, conocedor de la sorda lucha que libra el gobernador bonaerense con las reticencias que provoca entre los que tienen llegada a Olivos y Balcarce 50. Para lograr al menos acercarse y neutralizar la ventaja del mandatario provincial en las primarias, utiliza los “cara a cara” con la dirigencia herida de gravedad aquel 14 de agosto. Y no se fija en color y pelaje: da lo mismo que hayan sido casi pares cuando militaba en el Peronismo Federal que actuales socios en el radicalismo y en el pan radicalismo. Todo vale aunque lo aleje cada vez más de Ricardo Alfonsín y, más allá en el tiempo, de Eduardo Duhalde.

A toda costa el candidato de la UCR trata de mantener la cohesión en sus filas. Cada día le cuesta más, no sólo por De Narváez, sino también por algunos radicales que sacaron cuentas de ocasión y, pese a que no lo dicen públicamente, están acercándose tanto al oficialismo provincial cuanto a la Alianza de Hermes Binner. Que esto ocurra por interés o para no quedar a la intemperie en un futuro gobierno reelecto o dentro de la segunda fuerza, es un síntoma de que aquel principio de romperse pero no doblarse que fue la biblia radical, ha pasado a ser apenas una frase célebre en el texto de la historia política argentina.

Más silencioso, Eduardo Duhalde insiste en poner todas las fichas en los cargos electivos. En su entorno dicen que es una cuestión de principios y que el hombre de Lomas de Zamora sabe que no le alcanza, como pensaba antes de agosto, para disputar la Presidencia del país, pero no pierde las esperanzas de ayudar a conformar un Legislativo menos hegemónico para el kirchnerismo. Sin embargo, también sufre el “mal del éxodo”, por ahora a cuentagotas. Lo llamativo de esta situación, al contrario del radicalismo donde es más lógico que ocurra, es que también los “pases” se producen hacia el médico santafesino.

Binner y Alberto Roldríguez Sáa son los más beneficiados por algunas de las escasas encuestas que circulan en distintas redacciones. Esta sería una de las causas de esas transferencias políticas.

¿Real o irreal? El límite, para los argentinos, aparece como muy difuso. Por eso, es preferible escribir de lo patético y lo irónico, antes de hacerlo sobre la actualidad.

caoelretrato@live.com.ar

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