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Imagen: Joaquín Salguero
En una lectura rápida, como si quisiera apurar el trámite, con una sucesión de
frases de marketing, de tan repetidas que ya dejan de tener impacto, el
presidente Mauricio Macri habló poco de la crítica situación económica.
Gran parte de ese poco no es cierto. Enfatizó medidas administrativas
en el sector público como si fueran lo fundamental en la cuestión económica.
No habló del FMI, en una muestra de desagradecimiento al organismo
internacional que está financiando la campaña para su reelección y que,
con sus dólares, le permitió eludir el default. No mencionó ni una sola vez
a la industria y al campo. Sí lo hizo, en varias oportunidades, a los sectores
de la construcción, siendo leal de ese modo al origen de su fortuna, al de la energía, cuidando los intereses de las corporaciones amigas, y al de turismo, como si fuera una reivindicación a sus más de 100 días de vacaciones que acumula en tres años de mandato presi
dencial.
La frase de su discurso que resume el capítulo
vinculado a la economía fue que “hoy estamos
mejor que en el 2015”. Los datos duros de las principales variables
macroeconómicas dejan al desnudo que eso no es así. La estrategia del
gobierno, en tono electoral, es jugar con la expectativa social prometiendo
un futuro mejor luego de haber generado las bases del progreso, desplazando
la percepción presente de la mayoría, que están viviendo un veloz y profundo
deterioro de la calidad de vida.
Sin hacerse cargo de haber ejecutado una política que derivó en la crisis
económica más importante desde la debacle del 2002, señaló que la caída
fue por el impacto negativo de tres shocks: salida de capitales financieros de
mercados emergentes, la sequía y la causa de los cuadernos. Dijo además
que la economía no crecía desde 2012, cuando no fue así, aunque la variación
hasta el 2015 fue mediocre; afirmó, sin nada que lo respalde, que la economía
iba a colapsar; y aseguró que en sus primeros dos años y medios de gestión
la economía fue “exitosa”, auto calificación que sólo puede generar desconcierto, ya sea si la cree o si participa activamente en la estrategia de la mentira planificada liderada
desde la Jefatura de Gabinete.
La inflación navegando con comodidad hace varios meses cerca del 50 por
ciento anual. El salario registrando una impactante caída en términos reales,
sólo comparable con el drama vivido en el 2002. Indicadores sociales como
la pobreza, la indigencia y el desempleo marcando un deterioro pronunciado.
Las suspensiones de personal por caída de ventas son masivas. La destrucción
de puestos registrados es constante y, como consecuencia de la acelerada
desindustrialización, se perdieron 126.100 empleos de ese sector en tres años
de macrismo. Quiebras, convocatorias de acreedores, reducción de producción,
cierre de locales y pedidos de procedimientos preventivos de crisis de grandes
empresas constituyen el cuadro de situación del mundo empresario. El mercado interno está deprimido con ingresos reales de la mayoría de la población licuándose con la
inflación. El consumo masivo no detiene la caída afectando la rentabilidad de
compañías vinculadas a la actividad doméstica. La estructura de costos de
empresas y el presupuesto de los hogares se estrujan aún más con niveles
de tarifas de luz y gas desproporcionados y tasas de interés elevadísimas.
La política económica ha sido entregada a las manos del FMI luego de encarar
un endeudamiento vertiginoso, que condicionará mucho al próximo gobierno.
Como si no hubiera aprendido nada en estos años, Macri volvió a prometer
que la inflación tendrá una “baja sustancial”. El índice de febrero será más
elevado que el del mes anterior, al ubicarse arriba del 3,5 por ciento.
El naufragio de la economía es tan evidente que el contenido económico del
discurso de Macri permite entender las razones de la debacle. No hizo
referencia a casi nada de las cuestiones relevantes para abordar una crisis
de la actual magnitud. Por caso, enfatizó que el déficit fiscal es el principal
causante de la inflación, y que la inflación es causante de la pobreza. Si este
es el marco conceptual, con el cual se intenta abordar la economía de las
características de la argentina, no es difícil entender por qué Macri arrojó a
la economía a semejante crisis. Con un mal diagnóstico, contaminado de
mala teoría y pura ideología, acerca del problema de la inflación, el resultado
no puede ser otro que el fracaso, como el que exhibe la economía macrista
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