Por Eduardo Cao
para El Retrato de Hoy
Una sensación personal –de allí no pasa- me inquieta en los últimos días: ¿dónde está mi voto del 14 de agosto? Tiene su razón de ser esto de preocuparme por el destino de mi decisión y, quizá, la de miles de argentinos. No alcanza con las palabras error, equivocación, fallas y las que usted, lector, encuentre en el diccionario. Lo cierto, lo real, es que las cifras y porcentajes que nos mostraron en las horas y días sucesivos al comicio, no se corresponden con lo que expresó la voluntad popular. Aunque no se discutan ni la ganadora ni la ventaja que le sacó a sus lejanos escoltas.
- “Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados” (Mahatma Gandhi, 1869-1948)
- “Es sin duda más fácil imponer silencio al error, que demostrar la verdad” (José Moreno Nieto, catedrático y político español nacido en Siruela, Badajoz, en 1825; muerto en Madrid el 24 de febrero de 1882)
Diferentes culturas, distintos siglos, los de Gandhi y Moreno Nieto, pero con un hilo conductor entre ambos: la calificación del significado que tiene la equivocación en la ética de las relaciones humanas. No es que negaran al ser humano la posibilidad de cometer errores, sino que cuestionaron la reacción posterior al desacierto.
Sí, tiene razón, extrapolar los dos siglos pasados y sus valores a esta realidad de hoy en un mundo intercomunicado (interdependiente y, vaya paradoja, a la vez individualista) como nunca antes, es, en el mejor de los casos, perseguir una quimera.
Pero voy por ella.
“ERRORES MUY GRANDES”
¿Qué opinarían el Profeta de la Paz y el nacido en la tierra del “maestro de Siruela” (que así nació el dicho popular al que nos dimos el lujo de quitarle la preposición y cambiar la S por la c) sobre el pacto de los argentinos con el error?
En esta tarea estamos por estos días –y quizá todos los días del año, todos los años- incluso ante la evidencia de que nuestra voluntad soberana ha sido timada.
No sé cuántos argentinos tendrán la misma sensación, pero aquí, en este artículo, no intento representarlos, sino manifestar cómo me siento yo, un ciudadano común que, invitado a celebrar una nueva expresión democrática, concurrí a votar el domingo 14 de agosto.
Lejos de caer en la hipocresía de negar que me invadió cierto dejo de tristeza por el arrollador triunfo de la Presidenta y el oficialismo, con los cuales, no es novedad, alguna guardo diferencias profundas, las convicciones y el respeto por la voluntad de la gente tranquilizaron mi ánimo. Después de todo, había sido la expresión de una gran mayoría del pueblo argentino y como tal, aún en el disenso, debía tomarla todo ciudadano que se precie de tal en aras de la robustez republicana.
Me ayudaron a digerir la situación, no voy a negarlo, las palabras inusualmente conciliatorias y medidas de Cristina Fernández de Kirchner tras el triunfo electoral en las primarias. Hasta me ilusioné con un giro de 180 grados en la práctica de modos autoritarios y descalificadores para imponer un pensamiento único.
Dos semanas después, aquella ilusión lentamente se va evaporando por la fuerza de los hechos y de los silencios.
“Hubo grandes errores”, explicó el juez electoral bonaerense Manuel Blanco respecto de la comparación de las actas y telegramas con los votos contenidos en las urnas, en el lento escrutinio definitivo de las primarias. Marcó diferencias con Florencio Randazzo, el ministro del Interior que había minimizado las irregularidades, pero descartó denuncias y sospechas de fraude ya que las anomalías, dijo, también perjudicaban a los ganadores.
Al mismo tiempo, y optimista, el magistrado se reunió con los opositores y les aseguró que se habían recuperado y recontado innumerables votos. Sin embargo, no fueron pocas las voces de los conocedores de los corrillos judiciales que afirmaban que el escrutinio definitivo no se terminaría antes de las elecciones del 23 de octubre.
Hasta el presidente de la Corte dio su parecer, aunque el caso no llegó ni llegará, seguramente, al máximo tribunal. Para Ricardo Lorenzetti "si hay errores en el escrutinio, se los tiene que corregir, pero no hay que magnificarlos, porque el resultado no está en cuestión". Ya está, ya fue, diría alguno de los tantos conformistas que caminan nuestras calles.
Dicen, desde el Gobierno y algunos de sus competidores del 14 de agosto que, puntos más, puntos menos, no corre riesgo el amplio éxito de CFK y sí el segundo lugar que se disputarían Alfonsín, Duhalde y Binner.
¿Y si ocurriera algo similar a la hora de contar boletas el 23 de octubre? No me refiero al resultado, para la mayoría de los analistas “cantado”, sino al escrutar los votos en la Justicia Electoral. Los plazos, entonces, se acortarán ya que sólo habrá 48 días para la asunción de la reelecta o ¿utopía? el nuevo Presidente de los argentinos.
Que todavía falta para que eso suceda es una verdad de Perogrullo. Espero, como otros cientos o miles (vaya uno a saber), no sentirme defraudado ni por la persistencia en el error pactado y silenciado que nos impongan ante la sospechosa equivocación, so pena de recibir el mote de “mediocres” que tanto meneó Randazzo por estas horas. Espero, también, no tener que preguntarme entonces ¿adónde fue a parar mi voto?
caoelretrato@live.com.ar
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