Suspendí la lectura de “Las afinidades electivas” de Goethe cuando empecé a leer esta nueva novela de Horacio Insanti.
Quedé atrapado en la trama disfrutando su lectura.
Llegué al final y no pude evitar el recuerdo de Plutarco y sus “Vidas paralelas”, similitudes y diferencias, similitudes de situaciones y diferencias de actitudes entre la historia de esta novela y mi situación de preso político: estoy escribiendo desde la Unidad Penal 44 de Batán.
¿Preso político hoy?
Siento, veo, constato, que la Justicia se vuelve un mero escenario para legitimar la condena dictada por el poder político mucho antes de pisar la cárcel.
Legitimar un fin que es consecuencia de un archivo secreto, sin importar que lo que luego se vuelca en el expediente judicial no se corresponda ni siquiera con su verdad.
Así se trabaja en las Secretarías de Derechos Humanos y otros organismos clandestinos, bastardeando su propia naturaleza para transformarlas en policías políticas de este gobierno.
Fin en sí mismo o medio justificado por otros fines, lo mismo da.
Esta novela se despliega a partir de la perversión del poder, desde los años brutales de la Dictadura -en los cuales fui detenido, de manera clandestina primero y luego legalizado, vaya destino- hasta el actual refinamiento de métodos adecuados a estos tiempos.
Al preso político se lo apremia o extorsiona para que entregue a sus amigos o compañeros. Sé muy bien lo que esto significa. Tuve la suerte de no tener que sentirme nunca un canalla.
En definitiva, que nada de lo que diga valga, persigue su eliminación tanto en uno como en otro caso. Aquí desde la legitimación de un actuar judicial. En contra confluye todo el aparato estatal.
Claro que cuando los magistrados se entregan a este juego, por su misma calidad de tales, la brutalidad guarda otra clandestinidad.
Al preso político se lo puede vendar y ocultar. O estigmatizar y someter al público escarnio.
El destino es siempre la oscuridad. Regímenes como el nazismo y el stalinismo acudieron a ambos métodos. También allí hubieron juicios.
El juego de la perversión sistematizada desde el poder crea enemigos para luego destruirlos. El de la flor está en su abrir y replegarse con las estaciones.
Ambos juegos corren por las páginas de esta novela escrita con inteligencia que el autor, observador certero, conocedor profundo de estos temas, narra con precisión y que con el buen uso de recursos literarios obliga a una participación activa del lector.
El juego literario está plasmado.
Ahora puedo volver a la lectura de Goethe. La espera no significó ninguna pérdida, por el contrario, pude disfrutar de la lectura de esta excelente novela.
Al que ahora le toque el turno de la lectura: ¡que la disfrute!
17 de octubre de 2012
Piero Asaro
Pabellón “D” - Area II
Unidad Penal 44
Batán
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